Y me pregunto por qué cada vez que paro en un semáforo y miro a los costados, veo un hombre absorto intentando una trepanación craneana vía orificio nasal.Observarlos más de un segundo es medio grotesco, pero más allá de eso, la verdad es que se les envidia el poder de concentración que tienen.
Se desconectan del universo y en su mundo/auto sólo existen ellos, sus índices, sus narices y sus pensamientos... nada ni nadie más. Los mirones como yo, no existimos.
Qué meditación zen ni qué ocho cuartos!...
See you.

Fabi y yo parecíamos dos chicos subiendo una y otra vez. Sin embargo, despúes de la tercera subida consecutiva nos quedó bien claro que ya no lo somos tanto... al bajar todos despeinados y virolos, nos miramos y casi al unísono dijimos: "creo que fue suficiente, una más y me sacan en camilla...".

